El sueño de reconquistar la corona centrocaribeña del beisbol volvió a quedar aplazado. En un duelo donde no existía margen de error, la selección cubana cedió por 5-6 ante la representación de Nicaragua en la jornada de cierre de la Súper Ronda, resultado que envió a los nicas a disputar la medalla de oro ante Panamá y relegó a la escuadra antillana a la pelea por el metal de bronce
La derrota prolonga una racha amarga para el deporte nacional: desde la edición de Veracruz-2014 el beisbol no ha podido subir a lo más alto del podio centrocaribeño, encadenando tropiezos en Barranquilla-2018, San Salvador-2023 y ahora en territorio dominicano, una película repetida en los últimos años que nos pone a ver más de lo mismo.
Al igual que ocurrió en la derrota previa frente a Panamá, las aspiraciones cubanas se desmoronaron en los compases iniciales por la inestabilidad del picheo abridor. El derecho Raymond Figueredo, señalado para caminar el juego crucial, fue bateado con dureza en el segundo capítulo. Un doblete y dos pelotazos decretaron su salida prematura.
Su relevo, Yankiel Mauris, lejos de apagar el fuego, fue emboscado por la artillería pinolera, permitiendo tres sencillos y un biangular que completaron un paquete letal de seis anotaciones. Saúl Orozco remolcó dos con jit, el ex Grandes Ligas Cheslor Cuthbert trajo otra al plato y Elián Rayo coronó el rally con un doblete impulsor.
Aunque la ofensiva antillana intentó descontar a base de batazos de largometraje, las anotaciones llegaron de forma aislada e improductiva. El inicialista Yoel Yanqui estrenó la pizarra en el primer acto con un cuadrangular solitario ante el abridor nicaragüense Álvaro Amador y en el tercer episodio volvió a responder con un doblete remolcador que puso el juego 2-6.
En el montículo el relevista Frank Herrera (3.1 entradas) y el cerrador Yuniel Batista (2.0 innings) firmaron una labor de contención impecable para silenciar a los centroamericanos durante el resto del encuentro.
Esa estabilidad le dio un segundo aire a la tropa de Germán Mesa. En el sexto episodio el torpedero Luis Vicente Mateo abrió la tanda con cuadrangular solitario por la banda izquierda. Seguidamente, conexiones de Yulieski Remón, Yoelquis Guibert y un jit impulsor de Henry Quintero apretaron la pizarra 4-6.
En el séptimo capítulo el propio Mateo volvió a desaparecer la pelota por el jardín izquierdo para colocar el juego por la mínima (5-6). Sin embargo, el apagafuegos nicaragüense Sergio Umaña apretó el brazo para dominar el último out y anotarse el salvamento. La victoria fue a la cuenta del relevista Bryan Torres (2.2 IL, 2 C).
Cuba y Nicaragua concluyeron la Súper Ronda con idéntico registro de tres victorias y dos derrotas. Ante el triple empate que pudiera generarse con Puerto Rico (2-2), los nicaragüenses aseguraron su boleto a la gran final ante el invicto Panamá (4-0) gracias a haber derrotado a cubanos y boricuas en el duelo directo.
Para el elenco cubano la realidad resulta dura e incontestable. Mañana el equipo saltará a la grama del Estadio Quisqueya Juan Marichal, no para buscar la ansiada corona del centenario, sino para disputar una medalla de bronce que sabe a muy poco para la tradición del beisbol antillano.
La derrota prolonga una racha amarga para el deporte nacional: desde la edición de Veracruz-2014 el beisbol no ha podido subir a lo más alto del podio centrocaribeño, encadenando tropiezos en Barranquilla-2018, San Salvador-2023 y ahora en territorio dominicano, una película repetida en los últimos años que nos pone a ver más de lo mismo.
Al igual que ocurrió en la derrota previa frente a Panamá, las aspiraciones cubanas se desmoronaron en los compases iniciales por la inestabilidad del picheo abridor. El derecho Raymond Figueredo, señalado para caminar el juego crucial, fue bateado con dureza en el segundo capítulo. Un doblete y dos pelotazos decretaron su salida prematura.
Su relevo, Yankiel Mauris, lejos de apagar el fuego, fue emboscado por la artillería pinolera, permitiendo tres sencillos y un biangular que completaron un paquete letal de seis anotaciones. Saúl Orozco remolcó dos con jit, el ex Grandes Ligas Cheslor Cuthbert trajo otra al plato y Elián Rayo coronó el rally con un doblete impulsor.
Aunque la ofensiva antillana intentó descontar a base de batazos de largometraje, las anotaciones llegaron de forma aislada e improductiva. El inicialista Yoel Yanqui estrenó la pizarra en el primer acto con un cuadrangular solitario ante el abridor nicaragüense Álvaro Amador y en el tercer episodio volvió a responder con un doblete remolcador que puso el juego 2-6.
En el montículo el relevista Frank Herrera (3.1 entradas) y el cerrador Yuniel Batista (2.0 innings) firmaron una labor de contención impecable para silenciar a los centroamericanos durante el resto del encuentro.
Esa estabilidad le dio un segundo aire a la tropa de Germán Mesa. En el sexto episodio el torpedero Luis Vicente Mateo abrió la tanda con cuadrangular solitario por la banda izquierda. Seguidamente, conexiones de Yulieski Remón, Yoelquis Guibert y un jit impulsor de Henry Quintero apretaron la pizarra 4-6.
En el séptimo capítulo el propio Mateo volvió a desaparecer la pelota por el jardín izquierdo para colocar el juego por la mínima (5-6). Sin embargo, el apagafuegos nicaragüense Sergio Umaña apretó el brazo para dominar el último out y anotarse el salvamento. La victoria fue a la cuenta del relevista Bryan Torres (2.2 IL, 2 C).
Cuba y Nicaragua concluyeron la Súper Ronda con idéntico registro de tres victorias y dos derrotas. Ante el triple empate que pudiera generarse con Puerto Rico (2-2), los nicaragüenses aseguraron su boleto a la gran final ante el invicto Panamá (4-0) gracias a haber derrotado a cubanos y boricuas en el duelo directo.
Para el elenco cubano la realidad resulta dura e incontestable. Mañana el equipo saltará a la grama del Estadio Quisqueya Juan Marichal, no para buscar la ansiada corona del centenario, sino para disputar una medalla de bronce que sabe a muy poco para la tradición del beisbol antillano.

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